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Mi carta cuelga de un boletinero.
Posted On: 09/11/2008 15:53:37

Mi  carta cuelga de un boletinero.

 

 Dejé una carta sobre aquel boletinero.  Por simpatía, tal vez, la dueña del establecimiento accedió a darle lugar en un área de la cuál no la removieran.

 

 

La carta era como la huella de mi alma; como mis supiros en tinta.

 

Presentación, cuerpo, saludo y despedida, estaban enfatizados en esa misiva.

 

 

Las mujeres parecían estar siempre apuradas, y, acercarme yo a dar un saludo formal, dado el apuro, lo hubiesen tomado como  intromisión.  Me hubiesen catalogado de raro o antiguo, si no disimulara mi formalidad.  Ya lo había intentado antes, por eso, decidí escribir la carta. 

 

 

Nunca fui bueno para los piropos ensayados.  

 Nunca me dejaban buen sabor los galanteos imitados.  Siempre, creí, y creo, en lo espontáneo.  Nunca serví para ser actor, exceptuando en donde se esperaba que lo fuera. Y, ¿cómo decirle a alguna dama?, tus ojos son como luceros, que guían el camino de cualquier navío extraviado; ¿cuándo en verdad lo que quería decir era?...sentí algo bonito en mi pecho, cuando desde mi mesa, te ví sonreir ... ¿Cursi?  No puedo inventar, pues aunque las cuerdas vocales se  extienden por la laringe,  vibran desde el corazón. 

 Cuando siento lo que quiero decir, digo lo que siento.

 

 

Por eso no me senté donde se sentaban los hombres, a galantear a las mujeres que vestían bonito los sábados de noche.  Ellos en su mayoría, decían lo que las mujeres querían escuchar.  Yo en cambio, decía lo que llevara a la mujer a reflexionar y conversar.  Y en esas pasarelas de los centros comerciales, o las plazas, lo que ellas esperan son aplausos orales, no diálogos con sentido.  Por eso, desistí de sentarme en las bancas de los lisonjeros, aunque por ello, pareciera yo menos caballero a las elegantes y coquetas damas.

 

 

Como todas estaban tan apuradas, razoné que una mujer sin apuros, era la que tendría el tiempo para leer una carta. 

 

 

De esas apuradas, muchas, eran bonitas; sus cabellos estaban  bien cuidados y... prestaban esmero a sus figuras.  Pero, no miraban con detenimiento las diminutas flores de alegría que crecían al pie del monumento.  No notaban los pesados baldes de maíz que cargaba un indígena.  No repararon, a no ser para esquivar, al viejo que con una camisa rota, extendía su cansada mano por alguna moneda.

   No notaron cómo se abrían entre las amables nubes, los rayos seminaranjas de un sol risueño.  Y.... ¿Acaso iban a notar los versos de una carta?     Dificilmente.

 

Las mujeres apuradas y centradas en sí mismas, nunca fueron compañia idónea de los poetas.

 

 

 

Me acordé de aquel boletinero, y concluí que era el lugar perfecto, pues allí, me pareció, haber visto antes a mujeres que sentadas, meditaban quedamente. 

 

 

.... aquí me detengo...  

 

 

 

Cuando vuelva a sentir, la falta que me hace la que lee más allá de las letras... volveré a mi reclamo....   

 

Erskine. 2008

Tags: Carta Búsqueda Mujer



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